Mostrando entradas con la etiqueta Muerte. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Muerte. Mostrar todas las entradas

lunes, 30 de mayo de 2011

Il trionfo del tempo




Me decía una amiga ayer que es curioso que celebremos los cumpleaños, pues celebramos que nos acercamos más a nuestro final. Es como si festejásemos que la vida se nos va escapando poco a poco. Me decía también ayer alguien especial que nuestra vida es música. Sólo es plena cuando llega a su fin y, cuando acaba, irremediablemente, se desvanece.

...

No volveré a ser joven


Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

Jaime Gil de Biedma, Poemas póstumos, 1968

...



Georg Friedrich Händel, Il trionfo del tempo e del disinganno, "Tu del ciel ministro eletto"

Debora York
Concerto Italiano
Rinaldo Alessandrini

domingo, 30 de mayo de 2010

Planto sobre Layo moribundo

Tú no eres el responsable del catálogo de mis desgracias. Eso sería atribuirte demasiado peso en mi persona. Tampoco eres artífice de mis escasas gracias. Ésas, aunque suene egocéntrico, las he construido por mí mismo y en oposición a lo que tú representas. No. Tú y yo sabemos que tenemos algo pendiente y que, ese algo, no se solucionará hasta el día en que estés dentro de una muy escogida caja de pino. Ese día volverá la paz a mi vida y el esplendor perdido a mi casa. Ese día, negro para ti, todo me quedará en blanco. Y descuida, no me verás descompuesto. Jamás. Me verás enfundado en el más esplendoroso de los duelos; sobrio y lujoso a un tiempo. Pareceré el mismísimo Petronio, arbiter elegantiae. No se verá nunca cosa semejante. Todo dolor será fingido y mi satisfacción será terrible, a la par que admirable. Cuando te caiga encima el primer peso, me has de recordar y, en recordándome, revisarás cada uno de los agravios que he sufrido, cada uno de los sapos que me he tragado y cada una de las culebras que, por tu causa, me han mordido. Y, al hacerlo, recordarás que no podrás volver a repetirlo. Será entonces cuando empieces a arder. Y eso sí que se repetirá. Siempre.